CARLOS VILLAFUERTE

Se desempeñó como maestro, director, inspector y vocal del Concejo Nacional de Educación, además de la labor docente fue funcionario público llegando a ser Intendente Municipal y Ministro de Gobierno de San Fernando del Valle.

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Nació en Catamarca el 12 de octubre de 1907 y murió en Bs. As. en 1989. Se desempeñó como maestro, director, inspector y vocal del Concejo Nacional de Educación, además de la labor docente fue funcionario público llegando a ser Intendente Municipal y Ministro de Gobierno de San Fernando del Valle.

Entre sus obras más destacadas se encuentras: “Voces y Costumbres de Catamarca”, “El Cantar de las Provincias Argentinas, “Fiestas Regionales de Catamarca”, “La Telera”, “Catamarca, Camino y Tiempo”, “Diccionario de Topónimo Indígenas de Catamarca”, “Los Juegos en el Folklore de Catamarca”, “Alas y Trinos en el Folklore de Catamarca”, “La Jaula Vacía”, entre otros.
Como escritor colaboró en numerosos diarios y revistas.
A través de su pluma uno advierte la sencillez y naturalidad con la que empleó la ficción como un medio eficaz para hacer conocer más las costumbres folklóricas de Catamarca.



“La mañana tierna se entibiaba con el canto de los pájaros. Las montañas, umbrosas todavía, se van azulando poco a poco. El sol, en el naciente, incendiaba el filo de los cerros. Estamos en las estribaciones del Ambato. Las lomadas de Choya, con sus repechos pardos, se suceden llenas de cardones y jarillas. Hacia abajo están las tierras de labranza. Un potrero húmedo y rizado de surcos abiertos; otros con un chacral recién nacido que se tiende como un lago de esmeralda, y éste de alfalfa que levanta sus plantas azulosas y brillantes con algunas perlas de rocío. En el centro hay un algarrobo copudo y todavía verde, lleno de pájaros que buscan los primeros rayos del sol y alzan sus cantos al día jubiloso. Dos urpilitas esponjadas se espulgan y se picotean en una rama alta y desnuda. Un cielo azul, otoñal, sin nubes, se extiende de cerro a cerro. A lo lejos, hacia el norte, se ve la cruz de la vieja iglesia. Todo el valle esta maravillosamente quieto y hermoso. Las cumbres del Ambato se van abrillantando cuando de pronto, un estampido triza la mañana y se aleja en ecos rebotando de loma en loma…”
Arrepentimiento, del libro “La Jaula Vacía”.