FRANCISCA GRANERO DE GARCÍA

Nació en Catamarca el 28 de junio de 1920.
Dos aspectos principales abarcan su vida pública: la docencia y la escritura; se desempeñó en la Escuela Nacional de Maestros “Fray Mamerto Esquiú”; en la Escuela Normal de Maestras “Clara J. Armstrong”, entre otras. Se jubila como directora en la Escuela rural del Espinillo, Aconquija, Departamento de Andalgalá.

En su actividad como escritora colaboró con artículos y poemas en el diario local “La Unión” y también en el periódico “El Argentino” de Entre Ríos.
Cultivó la prosa y el verso; y si bien desarrolló particularmente éste último género. No es menor su obra narrativa y la obra en prosa no ficcional. Entre las obras individuales encontramos: “Minería Catamarqueña”; “Catamarca, estudio integral”; “Cantares de tiempo y luna. Alma niña”; Fray Mamerto de la ascensión .Una vida ejemplar en la historia de Catamarca, América y el Mundo”; entre otros.
Por su obra literaria y trayectoria personal recibió los siguientes premios: Segundo Premio en el Concurso Literario La Unión; Tercer Premio, Concurso Nacional de Libros y de lectura inicial para adultos; Primer Premio, poesía, Concurso Fiesta Nacional del Poncho; entre otros. Recibe la distinción como figura destacada catamarqueña por la Universidad nacional de Catamarca (1989). En 1998 fue elegida “Personaje del Año” por Sagitario Producciones.
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“PEQUEÑO CORAZÓN”

Estación terminal. O comienzo
de todos los caminos.
Como Cristo, estabas solo, criatura,
con tu miedo y el traidor de las monedas.
“..Me roba una manzana”..!
de mi Puesto, todas las mañanas..!
vociferaba a voz en grito
pregonando a los vientos tu delito.
(Y eran solamente hambre y miseria
acosando a un hombre en miniatura).
Y cuando los curiosos sin rubores
te vieron vacilar, lloriqueante,
(qué grandote parece el vigilante
cuando el “reo” tiene un palmo de estatura!);
La maestra rubia, muchas veces madre,
amparó tu falta con ternura
increpando a los hombres sus maldades:
“que hacen con el niño”?
Por qué no buscan en la comba de la esquina
a los que le engendraron,
y le dieron la calle por espuela
y por sustento el dolor de la rapiña?
Pequeño Corazón, dame la mano
y vamos a comer nubes de azúcar
y las lunas moradas de la higuera.
Para tí no hubo mieles de cariño
Y mi risa se amargó de indiferencia.
Ven, hagamos juntos el camino
con tu soledad y mi tristeza.
Pon tu mano en la mía
y dame el cascabel de tu alegría
a cambio del joyal de mis ternezas.
Del libro Cantares de Tiempo y Luna. Alma Niña (1979)